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Paseos

El Mercado de San Fernando

Un mercado que abre  sábados y domingos. En abril del 2013 el Mercado de San Fernando ha cambiado su horario. Cierra a mediodía pero continua abriendo los fines de semana…
El planazo de los fines de semana en Lavapiés es éste -sábados y domingos hasta las 17,00h.
Olvídate del Rastro. El Mercado de San Fernando es un plan cien veces mejor.

El finde por la mañana en el mercado es muy inesperado: Inauguraciones, pequeños conciertos, Djs… Vas por los puestos y te tomas un vasito de vino, un zumo de frutas, un pincho de tortilla o de queso, los niños corren por ahí jugando y la gente está de Muy Buen Humor. Muchas veces programan música y actividades los domingos – vean por ejemplo El debate violento sobre La Lechuga, que ya es un clásico. Puedes pasarte a por una musaka griega en Exarcia, o bien algo más castizo como una tortillita de calabacín o una paella en Bar Barroso , pillar una cerveza natural de La Buena Pinta, y comértelo tan ricamente en las mesas de la plaza central del mercado.

El Mercado de San Fernando

Un nuevo mercado de barrio donde comprar comida bio, aceite, vinos y quesos que saben a lo que tienen que saber, cervezas de todo tipo, exóticas delicias vegetarianas, pan bien horneado, artesanía, y hasta libros. Y todo barato. Muy barato. Los vendedores luchan sinceramente por darte el precio más económico que sea posible. Digo sinceramente porque es de verdad, sin tonterías de marketing. Y además los productos son de comercio justo y producción ecológica. ¡¡¡¿Cóomor?!!!

El Mercado, entrando por Agustín Lara

Y no está orquestado para turistas por el Ayuntamiento, ni es la última invención ecopija. Es totalmente horizontal: gente que se juntó porque tenían inquietudes sociales o culturales, que coincidieron en el 15M o en proyectos de Tabacalera, o en asociaciones. O simplemente eran amigos. Fue corriéndose el rumor y como hormiguitas empezaron a montar esto. Aun no está ni terminado, faltan puestos por inaugurar, pero ya está en activo. Y es muy divertido.

El mercado de San Fernando es, para entendernos, el de las Escuelas Pías en Lavapiés, Plaza de Agustín Lara. ¿No sabías que había allí un mercado? Ya… Yo intenté comprar allí y estaba muertísimo. Era una tristeza de lugar. Lo bueno, es que, al estar en decadencia tan franca, han decidido poner los puestos muy baratos. Debido a eso, mucha gente ha podido ponerse de acuerdo para alquilar los locales. Y montar negocios nuevos. No son una gente cualquiera y tampoco negocios al uso. Son todos muy especiales. Y si no veamos al detalle:

Higadillos de Proust y Jamoncitos de Thomas Mann

La Casquería. Librería al peso.

Un típico puesto de casquería madrileña, pero en vez de higadillos vende libros. Al peso: 10 € el Kilo. ¿Y eso es barato? Pues sí, es muy barato. Más o menos te lo llevas por lo que pesa trasladado a euros.  ¿Cuánto pesa un libro? Pongo el ejemplo de dos que me llevé yo: una novela de Thomas Mann, y otro de poesías de Catulo, salieron a 3,50 € los dos libros. Te lo pesan en la báscula, como toda la vida. Sus fondos provienen de donaciones de librerías. Una, que ha comprao ya muchos de segunda mano, puede decirte  sobre los fondos que no están nada mal: Buenos clásicos. Mucha edición antigua y apenas stock de ese que malvenden en el Vips. A mi las ediciones con algunas décadas a cuestas me gustan tanto, incluso la de bolsillo, que a veces las compro aunque no me interese la novela. Como esas policiacas o de amores con portadas sesenteras. En fin… cada cual. Como dicen los de la casquería, es muy difícil tasar un libro, y el criterio de por qué uno es mejor qué otro siempre es subjetivo.  Por eso: “Vendemos al peso porque es una buena aproximación a lo que ha costado producir un libro, transportarlo o almacenarlo“.

Tienen una visión fundamentalmente ecologista del libro. Así, que pronto van a poner en marcha actividades de recirculación, intercambio y recomendación de libros. Ojalá lo hagan cuanto antes: comprar un libro, leerlo y olvidarlo bajo el polvo en tu estantería es un poco triste.

Los libros que llegan a tus manos tras una vida larga, tienen para mi más valor que los nuevos: En el libro de Thomas Mann pone en la primera página el nombre de su primera propietaria: “Raquel, 31/8/85“.  En la última página, está escrito a boli: “Soy hombre, por tanto nada humano me es ajeno“.

La Huerta del Sol. Productos ecológicos.

Bajo el asfalto de Sol estaba la huerta

Venden queso, pan, vino, aceite. Todo de producción ecológica, traídos del origen, sin intermediarios. También próximamente venderán cestas de fruta y verdura -con productos frescos de temporada, directamente del agricultor-, para lo que habrá que apuntarse y venir a recogerlas en el día señalado. Es decir, un mix entre los grupos de consumo agroecológico, y una tienda. A  mi me parece buena idea, porque siempre estoy dándole vueltas a apuntarme a un grupo de éstos, pero al final, sea por pereza o comodidad, nunca me he decidido. En cambio, si solo tengo que acercarme al mercado y llevarme mi cesta, me lo dan muy hecho: Apuntado me he a la lista.

Pero lo mejor es su historia: Se conocieron en el 15M de Sol, en la Asamblea de desempleados. Y decidieron autoemplearse. Montaron una cooperativa y pusieron el puesto. Es que son de aplauso.

 

María Fernanda Ampuero le da a este puesto el premio al nombre más bonito -en su entretenido artículo sobre el mercado en Yorokubu. Mmm, puede ser… es un premio muy peleado porque todos los puestos se caracterizan por unos nombres muy bien elegidos. Pero volvamos a las cervezas, porque entrar aquí es como visitar una galería de cervezas, las tiene todas. Yo, que a lo más que llego es a pillar una alemanaza del Lidl, apenas sabía por donde empezar, la verdad. El majísimo tabernero -que en realidad se llama Juan Manuel y es ingeniero teleco- me indicó las del primer estante, cervezas artesanas elaboradas en la comunidad de Madrid. Se tomó la amabilidad de describirme como era cada una de ellas, suave, fuerte, rubia, morena, germanófila, alimonada… Eran todas botellas preciosas, y cuesta elegir. Yo como fui niña católica me tuve que llevar La virgen, “cerveza pura”, con una preciosa morena en la etiqueta que no parece virgen ni de coña. Por 2 € te llevas una virgen a casa, a ver si enamoras a alguien con ella. Claro que me quedaban cientos por probar, pero sin angustias. Mi plan es éste: cada vez que vaya a comprar el pan me llevaré una cerveza distinta. En riguroso orden iré recorriendo los estantes, de lo local al mundo. Y acabaré siendo experta gourmet o borracha de barrio, según.

La Pistola. Pan artesano.

Es la panadería del mercado. No la encontraba, porque está en una esquina. Pero la busqué, porque intuía que no me iba a decepcionar. Y efectivamente, me encantó, del verbo encantar que implica una suspensión de los sentidos: vista, olfato, tacto, gusto… Tienen muchos tipos de panes, avisté incluso un viejo recuerdo berlinés: el Kässe Brotchen, que es un pan con queso que no necesita compañía, sirve el solito como comida. Es molón y un poco de gusto infantil, como comer pizza. Pero conste, que éste era bastante más sofisticado que el berlinés:  llevaba dos tipos de queso, de cabra y emental. Da gusto cuando el vendedor conoce su producto y te explica perfectamente lo que lleva. Pregunta en el Carrefour por los ingredientes -er…no, mejor no preguntes.  Aquí vas a saber exactamente lo que comes.

También tienen algo de bollería, pero cuidada: croissants de los pequeñitos de mantequilla. Y por supuesto la pistola de toda la vida, que le da nombre al puesto.

Me llevé a casa el más raro de todos: pan de cacao con naranja amarga, 2 €. Estaba recién horneado y no tardé dos segundos en arrancarle el currusco calentito: es algo entre comer pan y un cake de chocolate, comida o postre, pura ambigüedad sexual.

Inauguración de La Siempre Llena

¿Qué puede mejorar un pan delicioso? Queso. En Los Panchitos del Frente puedes llevarte unos quesos seleccionados para acompañar al pan escogido: un San Simón de sabor ahumado, un rulo de cabra, un tetilla… Yo me llevé un provolone, que es ése que te lo puedes cocinar a la plancha. Y una vez con el queso en la bolsa, pues oye: unos tomates, o unas manzanas para acompañarlo, puedes comprarlas en una frutería tradicional del mercado, o en La Repera, todo fruta y verdura ecológica -también zumos. Si además quieres regar con aceite o vino,  acércate a La Siempre Llena -acaban de inaugurarla el finde pasado: buen nombre. Es un local muy fino que vende vino y aceite a granel. Si animado ya por semejante cesta de la compra, te da un ataque de gourmet estupendo pásate por Lo mejor de mi Tierra, donde la tierra se refiere a Extremadura, que como todos sabemos, pese a su nombre poco prometedor da muchos frutos y extremadamente ricos.

La Republicana. Vintage a precios de segunda mano

*Nota: Este puesto ha cerrado. En el lugar hay ahora un bar de productos riojanos (vinos y tapas).

Este puesto convierte al Mercado definitivamente en un rastro. Puedes irte a casa con un jersey ochentero o un vestido vintage por dos duros. La Republicana ha cambiado completamente su perfil: Durante un año vendió comida vegetariana andina; pero ahora, debido a los cambios de horarios del mercado, que ya no abre al mediodía -el mercado tiene mucho de experimento o  work in progress-, se ha pasado al mundo de la moda vintage. Todas las prendas que vende son seleccionadas por  algo que las hace especiales. Pero el precio no se resiente por ello, de ahí su eslogan: vintage a precios de segunda mano.

Tiene su gracia el cambio porque el vintage y la segunda mano son actividades muy berlinesas, y Elisa ha sido editora de Esto no es Berlín, una editorial independiente que comenzó su andadura en La Tabacalera, con el nombre de Papel de Fumar, basada en el exquisito gusto y el puñetazo a los tópicos. “Ediciones radicales pero elegantes“.

En el vintage Elisa aplica la misma filosofía: glamour y precios de risa: camisas desde 3 €, faldas y vestidos desde 4€, jerseys desde 5€. Elisa es editora, escritora, periodista y galerista: tiene ojo más que suficiente para seleccionar la ropa que sí mola. En definitiva La Republicana es un puesto muy especial, y le hemos dedicado una reseña enterita, aquí te lo contamos todo.

Washoku, Sushi y productos japoneses

Poner un Sushi Bar en un puesto de mercado parece el colmo de la sofisticación. Sin embargo la comida japonesa ya no podemos considerarla tan exótica, pues hay quien come japo un par de veces a la semana. De hecho, ni siquiera son los primeros, recordando a Yoka Kamada, que ya montó hace años en el mercado de Antón Martín un precioso puestito de sushi para llevar, actualmente muy consolidado y con clientes fieles llamado Yoka Loca. Bienvenido sea el Sushi de barrio. Para llevar y tomar allí mismo. También puedes comprar productos japoneses, gastronómicos o no.

La bici hecha un pincel

La lista de puestos nuevos es muy amplia, y creciendo. Si es que el mercado se está convirtiendo en todo un centro comercial, pero  de la mejor especie: Que necesitas un regalo – incluso para ti mismo, pues compra artesanía de verdad -nada que ver con los mercados de falsa artesanía manufacturada en China que saturan nuestras plazas. Aquí puedes comprar artesanía bien terminada y hecha en tu propio barrio: de cuero, de ganchillo, o de materiales originales, como  en Maniobras Reciclantes, que hacen artesanía con materiales reciclados -como cámaras de bici, o tambiénLa Fruslería. Estos vendedores visibilizan toda esta producción artesanal dispersa, y te aseguran que el artesano recibirá un porcentaje mucho más justo de tu dinero. También está está la floristería del mercado:  La Rosa de Lavapiés. ¿Para qué quiero yo unas flores? Lo se, suena como demasiado Amelie, volver con la bolsa de la compra, pan fresco y unas flores. Pues para tus compañeros de piso, tu pareja, o alguien que esté de bajón… Parece una tontería, pero regalas una flor y cambias el día de tono. 

Negocios tradicionales se mezclan con lo nuevos, como la Mercería Marisa, que también es recien llegada o  el Bar Barroso, que lleva toda la vida ahí. A ver si sale muy bien y cunde el ejemplo, porque hay muchos mercados en Madrid a los que esta iniciativa podría salvar. Y mucha gente valiosa deseando autoemplearse. Es que ir a comprar al mercado es una experiencia especial, muy distinta a ir al super. Pero una experiencia que necesita renovarse y acercarse al modo de vida actual. Por ejemplo, ya no tenemos los mismos horarios que nuestras madres y abuelas. Por eso han cambiado sus horarios al finde…

El sábado, el plan completo exige ir deambulando: una cerveza en La Buena Pinta, una ración griega en Exarcia, unos vinos en La Siempre LLena, una poción de un queso gallego en Los Panchitos del Frente, un panecillo especial en La Pistola, un zumo  en La Repera… Más ya el capricho: un par de novelas, en la Casquería, unas alforjas de cuero para llevártelas en la bici, en Maniobras Reciclantes, una camisa hawaiana de estampado imposible en La Republicana.

Bueno, bonito, barato. Posible contagio de su terrible enfermedad: el entusiasmo.

Las Escuelas Pías en la Plaza de Agustín LaraAgustín Lara, entrada del Mercado de San FernandoEstatua de Agustin LaraEntrada del mercado por la plaza de Agustin Laracasqueriacasqueria3lacasqueria1casqueria2la-huerta-del-sol2la-huerta-del-solmercadosanfernandomercadosanfernando2mercadosanfernando3mercadosanfernando4maniobras-reciclantes3maniobrasreciclantesmaniobras-reciclantes2maniobras-reciclantes4maniobrasreciclantes4Los panchitos del Frentela-siempre-llena2la-siempre-llenalabuenapintala-buena-pinta

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Mercado de San Fernando, Embajadores, 41 o Plaza de Agustín Lara | 915 27 25 12
Nuevo Horario:
lunes a viernes  9-14h // 17-21h
Sábados  10 h.-17,00 h.
Domingos: 11 h.- 17,00 h.
Precios: Packs que te podrías hacer por 4 €: Una cerveza artesana y una ración de causita limeña; un pan de cacao y una porción de queso; un tomo de Proust y un vino.

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