Te tiene que sonar si lees El País

El jueves entrevistan a Eva Vázquez en el Café Moderno, y no es necesaria ninguna ocasión especial para ello, porque Eva siempre está de celebración. Ella siempre presenta. Nunca descansa.Levantas una piedra y hay un dibujo de esta artista. Es una realidad. Hace años que Eva Vázquez convence, pero, obviamente, eso es fruto de un esfuerzo titánico y de un talento arrollador.El proceso de esta artista es constante, un no parar, una auténtica locura. Quizás no tengas su nombre registrado, pero seguro que has visto una cantidad ingente de su trabajo. Como los grandes, ella dibuja en todas partes, y su estilo es tan claramente reconocible que resulta difícil para la retina no detenerse sobre su material en algún momento.Eva siempre parece tener la respuesta perfecta. Poseedora de un cerebro visual curtido en mil batallas, tenemos la sensación de que podría acompañar casi cualquier cosa con sus imágenes. Además, posee un abanico de matices que resulta sorprendente. Cada dibujo que firma proyecta la sombra de una auténtica dibujante, comprometida y siempre en movimiento.Como buena artista, Eva Vázquez sabe adaptarse y ser protagonista cuando es necesario, aunque denota una inteligencia especial en esas ocasiones en las prefiere colocar su dibujo al lado del texto que corresponde, sin eclipsarlo. Es en esos casos en los que genera una simbiosis poco habitual en el mundo de las ilustraciones periodísticas. Un auténtico diálogo siempre en contexto.Ella es como un museo involuntario: puedes visitar su obra cada semana, nunca falta a su cita. New York Times, El País, Mercurio, Babelia… Una artista ubicua, pero nada ambigua: clara, sencilla y de piezas siempre potentes, justas y controladas.Pienso que es en el constante encuentro con la obra de un artista cuando éste demuestra su talante, y en los dibujos de Eva, por abundantes que sean, siempre hay un extra, un plus de inteligencia que me hacen pensar en los antiguos artesanos del mundo editorial, aquellos que generaban material a toda prisa para editoriales de novela policíaca o de misterio. Un chorro permanente de talento, siempre con la idea adecuada y una poética inherente que se percibe involuntariamente.Su estilo, tradicional y contemporáneo a la vez, habitualmente tamizado por el ordenador, posee la elegancia del que ya ha toqueteado todos los botones del programa y sabe lo que se hace. Mesura. La textura es su material favorito y juega con ella como nadie, creando verdaderos patchworks a caballo entre lo virtual y lo táctil. Un desparrame.Observadora y exageradamente detallista, muchas veces crítica, observamos en sus trabajos más personales la profusión de detalles que, sin embargo, se presentan ordenados -quizás por su bagaje en el mundo de la animación y la arquitectura, quizás por su entrenada mirada-. Pero resulta satisfactorio comprobar que, a pesar de las diferentes técnicas, contextos o elementos, si algo brilla en su obra es la honestidad y el nivel, la intención de poner siempre el alma y el talento en cada trazo. Con la cabeza desparramada por el dibujo.En cada pieza que encontramos, las leyes del orden y de la simplicidad que rigen toda su obra terminan necesariamente por acariciar los sentimientos. Demostrando que al final el feeling es algo maleable que se puede trabajar activamente, como todo lo demás. Porque las ilustraciones de Eva siempre tienen ese “algo”, y eso resulta extremadamente complicado.No dejen de detenerse en sus creaciones, están por todas partes. Y eso es bueno. Muy bueno./ Fernando Epelde Café Moderno | Plaza de las Comendadoras, 1 | webHorario: 21'30hPrecio: Entrada libre” />

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Encuentro, Dibujo

Javier Olivares entrevista a Eva Vázquez

29 nov 2012 - 29 nov 2012
Café Moderno

Te tiene que sonar si lees El País

El jueves entrevistan a Eva Vázquez en el Café Moderno, y no es necesaria ninguna ocasión especial para ello, porque Eva siempre está de celebración. Ella siempre presenta. Nunca descansa.

Levantas una piedra y hay un dibujo de esta artista. Es una realidad. Hace años que Eva Vázquez convence, pero, obviamente, eso es fruto de un esfuerzo titánico y de un talento arrollador.

El proceso de esta artista es constante, un no parar, una auténtica locura. Quizás no tengas su nombre registrado, pero seguro que has visto una cantidad ingente de su trabajo. Como los grandes, ella dibuja en todas partes, y su estilo es tan claramente reconocible que resulta difícil para la retina no detenerse sobre su material en algún momento.

Eva siempre parece tener la respuesta perfecta. Poseedora de un cerebro visual curtido en mil batallas, tenemos la sensación de que podría acompañar casi cualquier cosa con sus imágenes. Además, posee un abanico de matices que resulta sorprendente. Cada dibujo que firma proyecta la sombra de una auténtica dibujante, comprometida y siempre en movimiento.

Como buena artista, Eva Vázquez sabe adaptarse y ser protagonista cuando es necesario, aunque denota una inteligencia especial en esas ocasiones en las prefiere colocar su dibujo al lado del texto que corresponde, sin eclipsarlo. Es en esos casos en los que genera una simbiosis poco habitual en el mundo de las ilustraciones periodísticas. Un auténtico diálogo siempre en contexto.

Ella es como un museo involuntario: puedes visitar su obra cada semana, nunca falta a su cita. New York Times, El País, Mercurio, Babelia… Una artista ubicua, pero nada ambigua: clara, sencilla y de piezas siempre potentes, justas y controladas.

Pienso que es en el constante encuentro con la obra de un artista cuando éste demuestra su talante, y en los dibujos de Eva, por abundantes que sean, siempre hay un extra, un plus de inteligencia que me hacen pensar en los antiguos artesanos del mundo editorial, aquellos que generaban material a toda prisa para editoriales de novela policíaca o de misterio. Un chorro permanente de talento, siempre con la idea adecuada y una poética inherente que se percibe involuntariamente.

Su estilo, tradicional y contemporáneo a la vez, habitualmente tamizado por el ordenador, posee la elegancia del que ya ha toqueteado todos los botones del programa y sabe lo que se hace. Mesura. La textura es su material favorito y juega con ella como nadie, creando verdaderos patchworks a caballo entre lo virtual y lo táctil. Un desparrame.

Observadora y exageradamente detallista, muchas veces crítica, observamos en sus trabajos más personales la profusión de detalles que, sin embargo, se presentan ordenados -quizás por su bagaje en el mundo de la animación y la arquitectura, quizás por su entrenada mirada-. Pero resulta satisfactorio comprobar que, a pesar de las diferentes técnicas, contextos o elementos, si algo brilla en su obra es la honestidad y el nivel, la intención de poner siempre el alma y el talento en cada trazo. Con la cabeza desparramada por el dibujo.

En cada pieza que encontramos, las leyes del orden y de la simplicidad que rigen toda su obra terminan necesariamente por acariciar los sentimientos. Demostrando que al final el feeling es algo maleable que se puede trabajar activamente, como todo lo demás. Porque las ilustraciones de Eva siempre tienen ese “algo”, y eso resulta extremadamente complicado.

No dejen de detenerse en sus creaciones, están por todas partes. Y eso es bueno. Muy bueno./ Fernando Epelde

 

Café Moderno | Plaza de las Comendadoras, 1 | web
Horario: 21’30h
Precio: Entrada libre

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