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Crónicas

Brokeback Mountain

Dos cowboys 1940

Dos cowboys en 1940

En el estreno, en primicia mundial, de la ópera de Charles Wourinen Brokeback Mountain había tanta expectación como recelo, porque no todos los aficionados quieren perder una ocasión que podría estar dedicada a Strauss o Puccini en favor de una ópera contemporánea. Ésta ha sido la lucha pendular de Mortier los años que ha dirigido el Teatro.

No hay telón. La ópera arranca con un zumbido casi ominoso que procede de las montañas “donde muchos hombres se han vuelto locos”. La primera figura es Aguirre, que reconoce el terreno a la espera de que lleguen Jack Twist y Ennis del Mar, los jovencitos que ha contratado para que le cuiden las ovejas ese verano.

Las siluetas de los tres hombres se recortan contra el fondo proyectado, un recurso que permite combinar fácilmente esta puesta en escena con la también sencillísima de Tristán e Isolda, que se representa en días alternos como parte de un programa que trata sobre los amores truncados por la presión externa. Las dos historias son conocidas; en el caso de Brokeback Mountain, estamos frente al drama de dos hombres que no pueden satisfacer su modesta necesidad de hacer una vida juntos porque en el Wyoming y la Texas de los años 60 los cowboys no son homosexuales.

Sin embargo, Ennis y Jack se han enamorado, y a partir del verano que han pasado juntos en las montañas, con apenas veinte años, el resto de su vida consistirá en encontrar las ocasiones para verse, momentos robados al curso de sus vidas cotidianas. Sus cotidianeidad ya no se representa con las proyecciones de los grandes espacios abiertos donde su amor fue posible y lo ocupaba todo; la vida de orden de Ennis y Jack transcurre en dos casas como de muñecas instaladas en una plataforma móvil, que hacen pensar en un reportaje de decoración sacado de un Washington Evening Post y que, en su contigüidad, contribuyen a uno de los méritos de esta puesta en escena, que es un uso de las elipsis más cinematográfico que operístico. De hecho, no hay interludios.

No se me escapa lo chocante que es decir que el mérito de una ópera es ser poco operística; aquí se ve la contemporaneidad, o quizá el pragmatismo, de una partitura que no se demora ni en alardes ni en desarrollos saltarines, tan al servicio del espectáculo para un público tan acostumbrado a los tempos cinematográficos como lo estaría el del siglo XVII a pasarse cinco horas viendo a castratos sobrevolar en tirolina los fantasiosos dioramas. Las escenas dramáticas se superponen unas a otras, con acciones que pasan del primer plano al segundo en cuestión de notas, pero el cambio de foco nunca es torpe, dado que los personajes se mueven en un espacio tan reducido como bien compartimentado y atrezado. La solución escénica, tan imbricada con la partitura, está tan bien engrasada, es tan bella incluso en su sutileza, que no podemos sino aplaudir al magnífico equipo del Teatro Real responsable de la misma.

El montaje y la iluminación en ocasiones hasta agresiva con el público (unos potentes cañones de luz se encienden en una de las apariciones del coro, que a veces representa la incomprensión y la cerrazón social, iluminando a todo el patio de butacas) destacan especialmente, por encima de una música que por su contención parece quedar en un segundo plano en más de una ocasión.

En casos como este, el efecto emocional de la ópera depende sobre todo de cómo se monte la ópera y de la resolución de sus intérpretes. El bajo barítono Daniel Okulitch compone un Ennis atribulado, tembloroso, un tipo de hombre cuya masculinidad se manifiesta más en la dignidad de la resignación (cuando ya no hay remedio, se dará cuenta de que los peligroso de esa resignación). El personaje del tenor Tom Randle, un vivaz Jack Twist, le replica con el arrojo y el brío propios de un héroe, que lo es de manera trágica incluso en la inconsciencia de sus atributos. Son personajes muy complementarios a los que la ideal comparsa de Heather Buck y Hannah Esther Minutillo ayudan a sacar todos los matices, en esta obra en la que destacan más los factores psicológicos que los sociales a la hora de señalar qué es lo que nos impide vivir nuestras vidas libremente. Id y estad atentos a vuestros deseos. //Bárbara Mingo Costales

Brokeback Mountain, ópera en dos actos de Charles Wourinen, con libreto de Annie Proulx, , se ha estrenado en primicia mundial en Madrid y se representa hasta el 11 de febrero. El director musical es Titus Engel, el director de escena Ivo van Hove y el escenógrafo Jan Versweyveld. La interpretación es de la Orquesta y Coro Titulares del Teatro Real, y los personajes principales están interpretados por Daniel Okulitch (Ennis del Mar), Tom Randle (Jack Twist), Heather Buck (Alma), Hannah Esther Minutillo (Lureen), Ethan Herschenfeld (Aguirre / Hog-Boy).

Brokeback Mountain

Teatro Real | Plaza de Oriente s/n | 915160660
Horarios: 3, 5, 7 y 11 de febrero a las 20:00 y 9 de febrero a las 18:00.
Precios: 10€ – 269€ Venta de entradas.

Pie-Town-rodeo-1940

Tying a ribbon on a calf’s tail was one of the feature attractions at the Pie Town, New Mexico Fair rodeo

Lee, Russell, 1940
Library of Congress Prints and Photographs Division Washington, D.C.

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