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Crónicas

Concierto Patti Smith en La Riviera

Fuimos dos redactores, qué peligro. Así que hemos decidido contaros el mismo concierto dos veces. Ninguno había leído previamente lo del otro. Ustedes juzgarán si parecen o no dos conciertos distintos: El uno es el de Ms Wonderly y el otro de Zapata.Ya sabéis, el estilo de debate de la tele: negro o blanco, mujer u hombre, inglés o francés. El que lee decide con qué se queda y todos tan contentos. O tan enfadaos.

El concierto de Ms Wonderly

Patti Smith nos sedujo como quiso: Es toda una femme fatale disfrazada de reverenda.

Entramos en la Riviera unos minutos tarde, y Patti Smith había empezado a las 21,30 con puntualidad anglosajona. Ese detalle, el precio de la entrada (no digo que no fuese justo pero sí alto: 45€), la sala elegida y el público que nos fuimos encontrando -mucho pelo gris o poco pelo- anunciaban un concierto voluntariamente tranquilo. Nadie esperaba una noche punk.

Sin embargo, Patti Smith es Patti Smith. Es sonreir y hacer su gesto coqueto y zas, se mete al público en el bolsillo. La gente no dejaba de gritarle cosas como si fuese la santísima virgen: “guapa”, “monstrua”. Y me parece perfecto, porque transmite espiritualidad y eros, como la Virgen-Madre.

Su manejo del público es el de una reverenda. En nuestra península de la solemnidad católica, no hemos vivido a esos curas que van levantando las emociones de la audiencia. Lo más parecido aquí es un Dj. Y no, la reverenda Smith, no pretendía ponernos a dar saltos, al menos no desde el principio… Llegué alegre, y me fue dando bajón. Toda la primera parte me pareció melancólica. Quizás porque al fin y al cabo estaba hablando de la muerte, como buena reverenda: Su homenaje a Amy Winehouse con This is the girl, del que nos contó que se le había ocurrido en el Teatro Español… Habló de esa estatua de Lorca que tiene una paloma en la mano, en un inglés dulce y claro que hasta yo entendía, y de vez en cuando decía alguna palabra en español, riéndose de sí misma. Muy maja y cercana.

La voz de Patti Smith fue la sorpresa de la noche. Está perfecta. Antes de ir al concierto estuve escuchando Horses -en un vinilo reeditado, no como el deseable original que algún atrevido le dio para que firmara en pleno concierto-, y la voz que trepaba por las paredes del salón se deslizaba por el pasillo hasta las tuberías, y debió llegar por el río a la Riviera. Ahora esa voz tiene menos tensión pero más personalidad… El concierto lució casi como un acústico. Tenía a los músicos dominaos, perros fieles de la loba jefe: les permitía aullar a sus muchachos, pero discretamente. Ella lleva el show. Y mira que tiene buenos músicos a su lado: El porte musical y físico de Lenny Kaye, el guitarrista que siempre le acompaña, es lo más. No me resisto a linkar esta foto de los dos, Patty Smith y Lenny Kaye en la mani de la Huelga General.

Y sí, habló de la Huelga, puso a los españoles como un pueblo de puta madre por nuestro activismo, y ahí se empezó a enfervorizar el público. La curva subió y al final hubo saltos. Lanzaba consignas como “Freedom!” y puso el puño en alto con el People have the power… Yo reflexionaba para mí la diferencia entre puño alto rígido (que veía en los más abueletes) y puño en movimiento (siguiendo el ritmo la canción). Supongo que el uno expresa marxismo y el otro energía, y me pregunto qué significaba el puño que levantaba la propia Patti Smith. La pregunta viene a cuento porque pasa el tiempo y los símbolos cambian un montón de significado. Y, en definitiva, lo mismo me preguntaba acerca de Patti Smith como símbolo: ¿De la contracultura que fue, o de la high culture que es ahora?.

Lo bueno de Patti Smith es que es tan persona que una sonrisita de esas suyas barre los símbolos y las falacias. Es toda una mujer, simplemente.

De todas formas, qué coño hacía yo reflexionando esos tristeríos. Tocaba divertirse y botar al son de Patti. Cantó los éxitos y puso toda la energía que hiciera falta para disfrutarlos: Because the Night, Gloria… Hizo bromas, nos cotilleó noticias (como que va a hacer una gira con Neil Young)… Salimos de esta misa musical con la batería cargada.

El concierto de Zapata

Me siento un poco un monstruo escribiendo el reverso negativo de la crónico del concierto de la tita Patti, pero me consuelo pensando que no va a ser para tanto.

En realidad, mis problemas con este evento tienen más que ver con el típico prejuicio hacia los artistas viejunos que con la propia Ms Smith. Cuanto más mayores se hacen, más ridículos se hacen sus personajes. Empecemos.

El concierto costaba 45 pavazos del alma. El que quiere los paga, y el que no, pues no. Los que no pueden asumir el coste siempre pueden decir que la vieron en La Casa Encendida a dos metros de distancia y consolarse.

La Riviera tiene un sonido grotesco a no ser que te sitúes en el centro exacto (y aún así me dio la impresión de que a Patti se la oía un poco baja). Desde esta posición pasé un rato largo fijándome en el público haciendo barridos de 360º. Había un montón de parejas de la edad de mis padres con pinta de no haber ido a un concierto desde que tenían la edad de sus hijos. Era entrañable comprobar que se sabían las letras de los hits y hasta se animaron a levantar el puño al modo marxista. Tal vez la última vez que muchos lo habían hecho fue en otro concierto de Patti.

Porque la tita Patti es superrevolucionaria. Fíjate que estaba ella en el Palace, oye follón en la calle y, mira tú, flipa con la mani y se da un garbeo por la zona. Luego cantó sobre el asunto y el respetable aplaudió y vitoreó. De hecho, no pararon los piropos en toda la noche.

Sí, aquello parecía la puta romería del Rocío con Patti haciendo de la Virgen. Eso no era un concierto, era una celebración carismática. Ella saludaba al estilo abuelita, parecía que se iba a dislocar la muñeca, y el público rugiendo. “¡Guapa, guapa!”, “¡Yu ar biutiful!”, “¡Ui lof yu!”… Y la otra poniendo gesto arrobado, como quien ve a sus nietos haciendo monerías. Pero sigue siendo muy punki, cuando atacó Gloria escupió un japo enorme, digno de un pies negros calimochero.

Musicalmente, el asunto no defraudó. Cantó algunas del nuevo disco y casi todos los clásicos (menos Horses, a pesar de que el público insistió en los bises). Hizo dedicatorias a Amy Winehouse, a Roberto Bolaño, al pueblo español y hasta le cantó el cumpleaños feliz a una tal Minnie. Alabó a las reivindicativas gentes de España y pidió la paz entre árabes y judíos.

Cuando se quitó el abrigo la gente se puso como si fuese un striptease de Rihanna. De haber una piscina estoy seguro de que hubiese andado sobre las aguas. Los músicos no se hubiesen inmutado.

Patti Smith & Her Banden La Riviera, 15 de Noviembre del 2012
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