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Smartphones para niños ¿Enseñan o distraen?

Leopoldo Abadía hecho un capitán

Smartphones para niños y jóvenes ¿ Enseñan o distraen? fue el título de la VIII edición de El Chupete, Festival de Comunicación Infantil

El Festival El Chupete que congrega a las marcas y publicistas cuyos productos van dirigidos al público infantil (entretenimiento, alimentación, educación, etc.) además de servir de escaparate para premiar productos y campañas novedosas se convirtió en un foro de debate acreca de la penetración de las pantallas interactivas entre el público infantil, las oportunidades, los peligros, el cambio de paradigma en la forma de publicitar, y la necesidad de educar en el uso responsable de los aparatos.

Que no es muy bueno pasar horas sentado delante de la “caja tonta” es algo que forma ya parte de nuestra conciencia colectiva. La falta de ejercicio físico, la desgana por hacer otras actividades de mayor enriquecimiento personal,  la dudosa calidad de los contenidos y el bombardeo publicitario a nuestro subconsciente constituyen motivos que nos bastan para querer controlar muy de cerca la exposición de los más pequeños a la pantalla.

Al fin y al cabo aún no han podido desarrollar aún el pensamiento crítico necesario para discernir entre lo que sirve y lo que no. Queremos protegerlos de las escenas de violencia, de palabras malsonantes, de las artimañas de la publicidad… y de esta manera la industria ha evolucionado para desarrollar contenidos apropiados para cada franja de edad, teniendo en cuenta duración , guión, nivel de acción, efectos sonoros, detalle de los dibujos, etc.

Sin embargo la realidad nos muestra que de los 3 a 4 años de edad, el concepto de la adecuación de contenidos por edades se vuelve borroso y el control parental que haya podido haber hasta entonces se relaja, de manera que no es extraño ver a niños de 3 y 4  absortos frente al televisor viendo Bob Esponja o similares. Los adultos pecamos de aprovechar el tiempo de tele para dedicarnos a otros menesteres, en lugar de acompañar y explicar. Y confiamos en que los contenidos al fin y al cabo son para niños, aunque esten pensados para los más mayores.

Lo peor que puede suceder es que se les escape parte del mensaje, no pueden hacerles mal. ¿No?

Lo cierto es que su forma de percibir el mundo es muy distinta a la nuestra aunque en muchas cosas se solape. Para ellos todo es mucho más novedoso, y el constante cambio de planos con sonido envolvente al que estamos habituados los adultos (y de cuyo embrujo aún así nos cuesta escapar) a ellos les produce una excitacion sensorial sobrenatural e ineludible..

No son adultos y perciben los estímulos de forma muy distinta a la nuestra.

De manzanas mordidas, androides inocentes y posesiones infernales o, ¿en manos de quién dejarías a tus niños? De la caja tonta a la pantalla “inteligente”

En el 2007 se publicó un llamativo artículo titulado “Visual Voodoo” que afirma que a esas edades tan críticas para el desarrollo personal y cognitivo, los contenidos son lo de menos. Que lo mismo da Bob Esponja que sexo y violencia, que lo importante es el medio, un medio cuyo lenguaje es como si pasara la vida por delante de nuestros ojos con la tecla de FF pulsada y que dispara el “reflejo de orientación” o de “qué es esto” descrito por Pavlov. Esto es, nuestra sensibilidad innata a los movimientos y sonidos bruscos hace que de forma involuntaria nos interesemos por ellos y les prestemos atención.  Fisiológicamente se origina un giro de la cabeza y ojos hacia el estímulo, cambios en el ritmo respiratorio, dilatación de los vasos sanguíneos de la cabeza, un chute del neurotransmisor dopamina ligado a los procesos de atención y al placer, y desincronización o inhibición del ritmo alfa del cerebro.

Así, con su constante cambio de planos, zooms, paneos y efectos sonoros la tele consigue mantener la atención del espectador por largos periodos de tiempo. El impacto que puede llegar a tener este medio sobre el crecimiento y desarrollo de las personas aún se está investigando (a pesar del apoyo nulo por parte de la industria y los estados) pero ya existen muchos estudios que lo relacionan con toda clase de problemáticas y afecciones a largo plazo de tal manera que se esta reconsiderando el papel del televisor en las sociedades industrializadas como el problema de salud no reconocido más importante de nuestros tiempos.

En menores de 3,  cada hora de exposición diaria incrementaba en un 9% el diagnóstico de problemas de atención a los 7. Pero tampoco se salvan de los efectos perniciosos los jovenes y adultos ya que ademas de influir significativamente en el rendimiento escolar, la dopamina influye en la segregacion de la melatonina, cuasando trastornos importantes en los ciclos del sueño. Tambien influye en el metabolismo, relacionandose con la obesidad y hasta en personas mayores parece ue pudiera haber correlacion entre las horas de visionado de televisión y el Alzheimer.

Con la llegada de internet a los hogares y la popularización de servidores como Youtube se implantó por fín el tan cacareado concepto de los contenidos de vídeo a demanda. Se acabaron las esperas que marcaba la parrilla y la simultaneidad de contenidos deseados en distintos canales. Pero los pequeños seguían dependiendo de los padres, para encender el ordenador y realizar la búsqueda mediante el teclado y el ratón.

La revolución de los tablets y smartphones con su interfaz táctil y visual ultra-intuitiva por fín otorga a los más pequeños aquello que siempre han anhelado: el poder de elegir y controlar qué contenidos quieren ver en cada momento de forma totalmente autónoma. Y que nadie intente meter un dedo en su radio de acción que el manotazo lo tiene asegurado. Si un contenido es demasiado lento o estático y carece por tanto de interés para lo que el medio les tiene acostumbrados, no dudan en pasar rápidamente o entrar en un frenesí de movimientos táctiles como buscando simular aquella casacada de imágenes tan característica y estimulante.

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Educar a padres para educar a los hijos

Las tabletas y smartphones entrañan obviamente los mismos riesgos que la tele y los videojuegos por su propia naturaleza, pero tambien pueden ser una herramienta potente para la enseñanza gracias a las mismas características que les hacen potencialmente dañinos: su interfaz intuitiva permite el control por parte de niños incluso menores de 3 años. La interactividad que permiten y exigen nada tiene que ver con la pasividad de la tele convencional, y los mecanismos de recompensa audiovisual son muy potentes. Cada vez hay más contenidos pensados para los más pequeños.

Es tarea de los padres filtrarlos pero sobre todo LIMITAR el uso de las pantallas, más aún cuanto menor sea la edad de sus niños. En esto estaban de acuerdo la inmensa mayoría de los ponentes de El Chupete

¿Limitar cúanto?  La regla es sencilla: en el momento en que el niño comience a evidenciar la más mínima señal de adicción asociando el uso de la pantalla a ciertos momentos del día de forma vehemente, es cuando hay que frenar el carro y ofrecerle alternativas tangibles del mundo real. Debemos alentar a los niños a que jueguen de nuevo empleando su imaginación y a socializar más con otros compañeros de su edad. Convertir la pantalla en una rutina diaria, siguiendo el famoso principio de precaución, es muy desaconsejable.

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