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Crónicas

Así fue: presentación de ‘Cabás’ y ‘La tumba de Bruce Lee’ en Cinemad

Xabi hablando por el móvil en 'Cabás'

Dicen que el cine español está en crisis, que si la subida del IVA y el recorte en las subvenciones lo han herido de muerte, y blablabla. ¡Toda la vida con la misma cantinela!

Hace años, si te querías presentar a un concurso de cortos tenías que rodarlo en celuloide (que ya son ganas de joder); hoy en día, por menos de lo que te costaría el laboratorio puedes comprarte una cámara de objetivos intercambiables de calidad profesional. De hecho, puedes pedirla prestada y dedicar la pasta a mejorar el catering. Ya no hay excusa para no hacer cine, sólo se necesita tener ganas. A este cine se le ponen muchas etiquetas -algunas despectivas (cine amateur, cine pobre…) y otras más cariñosas (cine de guerrilla, nuevo cine, underground…)- en un intento de que no se confundan con el cine establecido. Es una falacia: un cuadro es un cuadro tanto si lo pintas tú como si lo pintó Velázquez. Lo importante es la calidad del resultado.

La obra que ha significado el pistoletazo de salida de esta forma de crear fue Diamond Flash, del autor de cómics Carlos Vermut, que con un presupuesto de 25.000 euros y una duración de más de dos horas, impactó a la crítica y se convirtió en una obra de culto inmediata. Películas independientes o underground hay muchas, pero muy pocas que posean tanta calidad y un lenguaje propio tan desarrollado. Su éxito (relativo, por supuesto) ha agitado el interés por esta manera de hacer cine.

La edición de este año de Cinemad se ha centrado en mostrar los últimos trabajos de este movimiento todavía en ciernes, presentando las propuestas de -entre otros- Venga Monjas, Juan Cavestany, Los Pioneros del Siglo XXI, Pablo Hernando y Canódromo Abandonado. Asistimos en el IED a la sesión doble de los dos últimos.

Canódromo Abandonado son Lorena Iglesias, Julián Génisson y Aaron Rux. Tienen una ingente producción de vídeos a sus espaldas, piezas con un estilo propio muy reconocible estética y narrativamente que se basan en el píxel, el desconcierto y el absurdo incómodo. Este verano se fueron a Seattle (Aaron es de por allí) a grabar una largo, La tumba de Bruce Lee. Todavía no han acabado de montar todo el material, pero en el mini-show presentaron un teaser y varios vídeos. Explicaron por encima de qué va el asunto y acabaron con Lore y Aaron rapeando. Hay ganas de ver el resultado, lo visto prometía mucho; en realidad, todo lo que contaron sobre el argumento era falso, y las imágenes del teaser pasaban a tanta velocidad que podían provocar ataques epilépticos.

Luego vino el turno de Pablo Hernando y su Cabás. Pablo tiene en su haber un corto sensacional, Agustín del futuro, y un actor fetiche, Xabi Tolosa. Juntos se embarcaron en la locura de hacer una peli de presupuesto ínfimo, con localizaciones en Madrid y Almería, en la que todo el peso de la historia recae sobre los hombros de Xavi: un descabellado tour de force, mucho más si se trata de una ópera prima. La versión que vimos no es la definitiva, todavía le falta un inserto de animación y algo de edición en alguna escena, pero son detalles menores. El resultado final es bastante perturbador.

Cabás es la historia de una ruptura sentimental. Parece que vamos a asistir a una comedia romántica -el primer tramo tiene bastantes momentos de humor- para poco a poco ir convirtiéndose en un viaje enloquecido a la mente del protagonista. Hay una frontera entre el sueño y la realidad; una realidad extraña que se convierte en una pesadilla, una materialización del estado mental alterado. Los sueños transitan por derroteros más realistas que la vida real. Pura metáfora del vacío sentimental. Tolosa aguanta el tipo como un titán, sin caer en trampas ni en lugares comunes, generando historia desde una actuación que es -literalmente- pura negación del sentimiento.

El de Cabás es un ejercicio de estilo difícil de digerir para el público acostumbrado al cine estándar. Incluso para aquellos aficionados a Von Trier o Lynch supone un desafío, igual que Holy Motors. El ritmo es exigente, pausado, incluso pastoso. Los planos están construidos con mimo, lo que sumado al ritmo lleva a momentos de extrañamiento a lo Tarkovsky realmente potentes. El tono se va oscureciendo en un reflejo muy ajustado de la perturbación mental. Quizá hay un cierto desajuste entre el humor del principio y la gravedad que se apodera de la historia, igual que el uso de la música: la excelente banda sonora de Aaron Rux acompaña las imágenes como un guante, y cuando cesa en el tramo final la peli se hace un poco árida. De todas formas, es un pero muy menor al lado de los logros del conjunto. El director demuestra unas maneras en la dirección increíblemente valientes, usa el lenguaje cinematográfico con una madurez y propiedad impropias de un director novel de menos de treinta años. El resultado, aunque sea algo irregular, es el de un creador con discurso propio. Hay un sentido autoral, hay arte.

Aaron Rux hace la banda sonora de Cabás, y también la de La tumba de Bruce Lee, en la que además actúa porque es parte de Canódromo, cuyos otros dos miembros -Lorena y Julián- tienen dos breves pero importantes papeles en la peli de Pablo Hernando, que a su vez se ha encargado de la grabación de La tumba… Todos son amigos, y también son amigos de Carlos Vermut, Manuel Bartual, Los Pioneros, Miguel Noguera… Esto significa dos cosas: que las fiestas de estreno y similares son muy animadas, y que hay una escena formada con mucho talento. Os mantendremos informados.

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